martes, 1 de abril de 2014
Hoy me ha venido al recuerdo al hablar con una amiga, mi infancia.
Nací y viví en un barrio del casco histórico de Toledo. Un barrio como tantos de ésta ciudad , de calles empedradas y empinadas, en una casa típica toledana con un patio central con columnas de maderas y las viviendas alrededor de dicho patio. Los que allí vivíamos eran familiares y vecinos que eran como parte de la familia, donde había una relación muy directa con todos ellos, esto era bueno por un lado pero por otro controlaban todos tus movimientos, claro que a mí en la infancia eso me importaba bastante poco.
En ese patio mi abuela y las vecinas se bajaban en las tardes de verano a “tomar el fresco” porque estaba rodeado de pilistras, cintas, pendientes de la reina y una gran palmera en el centro, allí se contaban sus cosas y miraban por el portal a las vecinas que por la calle pasaban.
Yo jugaba en la calle al balón, a la goma o con la bici, corríamos entre las callejuelas y sólo volvíamos a casa cuando teníamos que merendar o a la hora que tu madre te decía para cenar. En esa época no teníamos móvil, ni internet.. sólo los amigos del barrio con los corríamos mil aventuras y tus padres estaban en casa con la tranquilidad de que nada podía pasar, y si pasaba alguien se lo dirían porque todos nos conocíamos , para bien o para mal , pero así era mi niñez muy diferente a la que tienen mis hijos, que cuando les cuento mis andanzas de niña no les entra en la cabeza que no tuviéramos forma de comunicarnos y no tuviéramos los adelantos tecnológicos que hay ahora. No sé si es mejor o peor, pero si diferente y yo cada vez que pienso en mí infancia me sale una sonrisa .
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